
Reflexión de la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay (FCPU) con respecto a las situaciones de violencia que se está viviendo actualmente en la sociedad uruguaya:
Como Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay (FCPU) hemos sido testigos, como el resto de la sociedad, de un aumento de situaciones violentas que nos preocupa y nos obliga a ocuparnos. Tal vez producto de la emergencia sanitaria, notamos que en las últimas semanas el clima de las relaciones personales ha derivado en hechos de violencia que como organización condenamos. Las cooperativas se basan en principios que buscan velar por la correcta interrelación de sus integrantes. La violencia, en ningún sentido puede tener cabida en el camino de una sociedad más justa.
Nuestra Federación cuenta con los mecanismos como para hacer un acompañamiento en el proceso de entender que construir una sociedad diferente requiere de un esfuerzo de todos y cada uno de nosotros. El concepto de romper con esos marcos estructurados no pretende pedirles a los hombres que dejen de ser hombres, sino que sean más hombres, y ello significa romper el anclaje absurdo y caducado de la hombría para incorporar valores y elementos que destaquen el componente humano sobre el elemento de la fuerza y la violencia, nuevas referencias que llevan a convivir en igualdad sobre valores y sentimientos compartidos, no sobre gestos y acciones individuales.
En la actualidad nos encontramos en un mundo en el que todas las personas están bajo el riesgo de numerosas formas de violencia; las mujeres y los niños/as son especialmente vulnerables; pero también lo son los varones que, por su condición étnica y de clase, y por su situación económica crítica, se ven constreñidos por diversas expresiones de poder.
En FCPU desde que se instaló el proyecto Cooperación con Equidad (2017) se ha hablado mucho sobre violencia de género, intrafamiliar o doméstica, de violencia contra las mujeres en sus variantes física, sexual, psíquica, económica, institucional, patrimonial, entre otras. Se ha puesto un gran énfasis, y con razón porque así lo avalan las estadísticas en el mundo, en la posición de víctima que ocupan miles de mujeres en el mundo entero.
Sin embargo, desde una perspectiva social y, más concretamente, desde la teoría de las representaciones sociales, es necesario ver las relaciones de poder (que pueden incluir manifestaciones de violencia) como sociales, relacionales, en las cuales la violencia ejercida y sufrida se percibe dentro de un marco estructurado por los sistemas locales de género que incluyen representaciones sociales de lo que son y deben ser los hombres y las mujeres, y que involucra a ambos en la dinámica de tales sistemas.
Se debe aclarar que el sexo viene determinado por la naturaleza, una persona nace con sexo masculino o femenino. En cambio, el género, varón o mujer, se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado. Se entiende por género la construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres.
El concepto de romper con esos marcos estructurados no pretende pedirles a los hombres que dejen de ser hombres, sino que sean más hombres, y ello significa romper el anclaje absurdo y caducado de la hombría para incorporar valores y elementos que destaquen el componente humano sobre el elemento de la fuerza y la violencia, nuevas referencias que llevan a convivir en igualdad sobre valores y sentimientos compartidos, no sobre gestos y acciones individuales.
Ser hombre hoy con lentes de género es romper con las estructuras devenidas históricas por las corrientes capitalistas que se apoyan a “construir” comportamientos estancos para cada género y dirigir sus manifestaciones en sociedad.
La salud y la seguridad en el trabajo son un pilar de toda política social y un componente esencial de la estrategia de promoción del trabajo decente preconizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). No se trata solamente de crear empleos, es necesario también que esos empleos respondan a los criterios de decencia y de dignidad (Objetivo de Desarrollo Sostenible Nº 8).
Hace un año exactamente (10 de Junio de 2019) la OIT adoptaba un convenio y recomendación contra la violencia y el acoso en el ámbito laboral (Nº 190) en el que basándose en que todos los seres humanos son sujetos de derechos en igualdad de oportunidades (en concordancia con el Primer Principio Cooperativo), recordando otros instrumentos internacionales pertinentes, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, entre otros. En su artículo Nº 1, inciso a) define la expresión «violencia y acoso» en el mundo del trabajo designa un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas de tales comportamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repetida, que tengan por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género.
Desde FCPU adherimos no solo a los convenios y declaraciones universales de organismos internacionales, sino que también acompañamos a la desconstrucción en clave de género de los roles impuestos tanto para mujeres sino también para hombres.
fuente: fcpu.coop





























